Primero, tengo que hacer una confesión. Por más que desde antes de empezar este viaje mis expectativas más grandes estaban puestas en conocer Hong Kong y Macao, no hice lo que hubiera correspondido, es decir, ponerme a investigar sobre esas RAE (no el diccionario, sino por la denominación oficial de estos lugares: Regiones Administrativas Especiales) y organizar bien el viaje. En cambio, una semana antes, medio desesperado porque no tenía nada planificado, recurrí Chat GPT (cosa que no me entusiasmaba mucho) y le pedí un itinerario para ambos lugares, basado en mis ideas y expectativas. El resultado fue el que voy a relatar.
Comencé la travesía por Hong Kong. Para recorrer tenía aproximadamente 48 horas distribuidas en tres días, y un par de esas iban a estar dedicadas a una reunión de trabajo en una Universidad. El resto del tiempo sería para explorar una ciudad que me tenía fascinado desde siempre por su estética ciberpunk que tanto me gusta desde que vi Akira (un animé japonés viejito muy recomendable) cuando era pibe.
Bueno. Hubo cosas que cumplieron con mis expectativas y cosas que no tanto. Empezando por lo que sí, efectivamente Hong Kong tiene ese halo de retrofuturismo un poco distópico. Creo que la impresión de eso está dada por la arquitectura que acompaña un territorio geográficamente muy chico. Es increíble cómo los cantoneses, ingleses y chinos (las tres patas culturales fundamentales de la ciudad) pudieron construir en diferentes épocas imponentes estructuras en las laderas de los cerros de la isla principal y lograr que la ciudad funcione como en varios “niveles”, como si fueran pisos de un edificio… si no estás atento (como me pasó), podrías haber seguido el mapa sin darte cuenta de que la calle que tenías que estar caminando ¡estaba un nivel más abajo! Otras cosas que sustenta esa idea de ciudad de un futuro no tan brillante y de clima bastante abrumador son la cantidad de pasillos que hay, la densidad de población y el uso excesivo de neon en los carteles (aunque para mí era un espectáculo increíble).
Ahora, lo que un poco me impactó negativamente tiene que ver con algo inmaterial, intangible y que no pude chequear con locales porque casi no conocí a nadie (aunque después, gente en China Continental me confirmó). Sentí una vibra de “diferencia” de los hongkoneses para con los chinos. Y es que tuve la impresión de que después de la anexión forzada a China en 1997 (como sabrán, el territorio fue colonia británica por 150 años, como botín por la derrota de China en las Guerras del Opio, y fue devuelta por acuerdo mutuo), nunca se sintieron cercanos ni política ni culturalmente a sus “hermanos” comunistas. Si bien todo lo oficial (por ejemplo, carteles en la calle) es trilingüe, el cantonés y el inglés son los idiomas que realmente funcionan en la ciudad. Para mí, no creo que la gente en general haya aceptado sin problemas el cambio de estatus político y hay en el aire un “orgullo” de, por un lado, formar parte de la cultura cantonesa (una región de China con idioma y cultura propios) y, por otro, de haberse sentido parte de la Commonwealth. Creo que formar parte de una región especial, con sus propias reglas, refuerza aún más esto.
Pero también hubo espacio para la sorpresa en este viaje. No sabía que tenían áreas naturales tan lindas. A pesar de la poca extensión, es increíble la cantidad de espacio verde que hay principalmente en algunos lugares alejados de la metrópoli, como la zona donde está el Gran Buda, una de las estatuas de bronce más grandes del mundo con treinta y pico de metros de altura. Situado en medio de las montañas, para llegar tenés que hacer un recorrido de media hora en un teleférico de vidrio que atraviesa el mar y montañas boscosas para llevarte a otra isla… la vista de ese recorrido es tan hermosa como aterradora… Realmente valió la pena el viaje. Preciosos paisajes, un monumento alucinante y una tranquilidad “nirvánica” a pesar de la cantidad de gente que había.
Bemvindo
á Macao
La expectativa que tenía con Macao era muy grande. Siempre me atrajo la idea de ver cómo los europeos habían logrado convivir en Asia con civilizaciones tan diferentes y con gran desarrollo autónomo durante milenios como fue la Civilización China. También lo que más me atraía en mi cabeza era ver qué fue lo que resultó de esa convivencia… seguramente sería diferente a lo sucedido en Latinoamérica.
En este caso, Macao fue una colonia portuguesa que, establecida en el siglo XV, sobrevivió 150 años más que la colonia principal, o sea, Brasil. Esta larga convivencia me generaba mucha curiosidad antropológica; quería ver qué resultado tuvo esa mezcla de culturas portuguesa y cantonesa.
Apenas llegué, me topé con carteles en portugués, cantonés e inglés. “Buena señal”, dije. Decidí entonces aplicar mis conocimientos del idioma de nuestros vecinos brasileros y con un contundente “bom día” saludé a la agente de migraciones que, sin inmutarse, no me dirigió la palabra. Pasada Migraciones, al interactuar con locales en el mismo puerto, me di cuenta de que el portugués no iba a funcionar… así como tampoco el inglés. De repente el chino pasó a ser la lingua franca frente a gente que sólo hablaba cantonés y chapuceaba el idioma del continente.
Cuando
finalmente salgo del puerto, me llevé mi segundo gran shock cultural (el
primero fue lo del idioma). De repente, la geografía y la arquitectura de la
ciudad me hizo sentir que estaba llegando a Rio de Janeiro. Era una versión
extraña de la ciudad principalmente porque los habitantes no se parecían. Pero
el resto… Empezando por una costa marítima espectacular con rascacielos muy tope
de gama como en Ipanema o Barra da Tijuca, y cuando me iba adentrando hacia el
centro de la ciudad, apareció el Rio más popular, más de la gente común, con el
caos que supone una metrópolis con grandes desigualdades.
Esas desigualdades fueron de gran impacto… En toda China no había visto barrios como esos: gente viviendo en lugares bastante ruinosos, sitios históricos (incluso muchos de los patrimonios UNESCO-más de 30 en todo Macao-) en considerable mal estado, y muchísima diferencia entre los sectores ricos y los pobres...
Eso me hizo reflexionar. Tanto Hong Kong como Macao son territorios con un idioma y una cultura común (cantonés/a) que fueron administrados durante siglos por dos imperios europeos de gran importancia. La diferencia en la gestión de las colonias es claramente visible en el presente de ambas regiones: mientras que en Hong Kong hay un importante desarrollo económico, urbanístico y político y todavía sienten la herencia inglesa en su modo de vida por la gran presencia de Gran Bretaña hasta sus últimos días allí, en Macao el portugués es una “decoración” en carteles y documentos gubernamentales, y la “herencia portuguesa” es un mero atractivo turístico de segunda línea. Digo “de segunda línea” porque el principal atractivo de Macao son sus casinos. A diferencia de Hong Kong, que parte de su estrategia en su vuelta a la República Popular China fue la de mantenerse como un centro financiero y un vínculo con la economía occidental, Macao hizo la “viveza criolla”: basó toda su economía en atraer a la gente a sus casinos, ya que en China continental están prohibidos. Y si algo les gusta a los chinos es apostar y la guita. Acá creo que se puede ver un poco la “herencia” peninsular…
Desde que perdió Brasil y que su imperio “cayó en desgracia” a mediados del siglo XIX, Portugal a duras penas pudo hacerse cargo de su propio país. Así que Macao fue más un lastre que un beneficio. Le costó muchísimo sostener el vínculo con la isla, por lo que los macaenses prácticamente tuvieron que autogestionarse, aunque con las reglas del país europeo. Una desgracia para su desarrollo, como se puede comprobar caminando por las calles.
Pasado el shock inicial, cambié el chip y empecé a disfrutar la ciudad como cuando paseo por nuestras queridas tierras. La verdad, “Las Vegas de China” (como también se la conoce) es muy pintoresca, atractiva y segura. El patrimonio arquitectónico portugués, aunque un poco descuidado como dije, da a la ciudad un aire de familiaridad que es abruptamente cortado por el exotismo de los carteles, los nombres y los edificios tradicionales chinos. Eso me encantó.
Como conclusión, mis expectativas se derrumbaron estrepitosamente en Macao. Realmente a los macaenses los vi mucho más “chinos” que a los hongkoneses. El portugués no se enseña en las escuelas (salvo algunas especializadas) y todos los habitantes reciben su educación bilingüe cantonés-chino mandarín. Portugal finalmente es sólo una estrategia de marketing más que una herencia cultural. Habiendo dicho eso, es un lugar muy peculiar, digno de visitar.
Termino
este posteo con otra anécdota. Saliendo del puerto de Macao (ah, porque viajé
desde Hong Kong en un ferry muy parecido a Buquebus), intento tomarme un
colectivo para ir al hotel, pero el bondi sólo aceptaba o la tarjeta de
transporte (que no pude conseguir en el puerto) o efectivo con el cambio justo.
Como yo no tenía el importe exacto, no me dejaron subir al colectivo. Entonces
decidí tomarme un taxi y pagar lo que fuera para llegar al hotel y empezar mis
actividades.
Ya subido al taxi y habiéndole dado por escrito la dirección del hotel al chofer, emprendemos viaje. En un momento, llega a un lugar y me empieza a preguntar en cantonés cosas que yo no entendía. Me hizo una seña tipo “¿seguimos derecho?” y yo, que no tenía idea, le tiré un “si” en mandarín. A las cuadras se frena otra vez, y me vuelve a preguntar en cantonés. El tipo ni una gota de portugués, ni de inglés… NI DE MANDARIN. Cuando le dije en este último idioma “no sé”, me agarró mi celular donde tenia la dirección del Hotel, se bajó del taxi, y empezó a preguntar a gente random en la calle si conocía cómo llegar. Después de varios intentos, y notoriamente frustrado, me devuelve el celular, abre el baúl del taxi, saca mi valija, y me empieza a gritar para que me baje. Cuando lo hice, salió a las puteadas. Me quedé ahí parado, un poco nervioso y un poco cagado de risa, no sabiendo para donde ir, hasta que un chico que hablaba mandarín me ayudó a ver en su celu que estaba a 6 cuadras del hotel. Al menos, tuve una anécdota graciosa y un viaje gratis.
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