sábado, 8 de febrero de 2025

Viaje al Norte y Año Nuevo Chino

A dos días de terminar el curso, me embarqué en un viaje de trece días hacia el norte del país. Mi objetivo no era sufrir el crudo invierno chino (eso fue un daño colateral previsto y asumido con bastante gusto), sino encontrarme con gente querida actualmente viviendo acá.

La primera parada fue Changchun, en la provincia de Jilin. Esta ciudad es la capital de la provincia, que, a su vez, es una de las tres provincias del dongbei (东北), es decir, del Nordeste chino. Este territorio tiene muchísima naturaleza, muy fértil y con animales característicos como los tigres de las nieves (son como los tigres comunes, pero mas peludos y robustos); pero también es un lugar rico en historia y diversidad étnica, porque ahí conviven los Han (etnia principal de China) con los Manchúes, los coreanos (considerados como un “pueblo originario” en esta región) y otras etnias.

La razón principal de por qué fui a esa ciudad fue la visita a una familia amiga (él argentino, ella china y su hijita argenchina), y el festejo con ellos del Año Nuevo chino. Tenía muchas ganas de experimentar in situ cómo festejan una de las celebraciones más importantes de su calendario.

La experiencia fue genial. Éramos 12 familiares y yo en un restaurante. Comimos una bestialidad, a lo chino, con una variedad de platos que no se dan una idea. Incluso me animé a probar cosas raras como sangre de pato (en cubitos gelatinosos) y garras de pollo (no estaban mal, pero me impresionó un poco, para ser honesto). Después de abarrotarnos con comida, y como si sólo yo hubiera sido el que no daba más, nos fuimos a la casa de mis amigos con los padres de ella y allá hicimos el clásico plan: ver la Gala de Año Nuevo de CCTV (la tv pública china) y preparar en familia jiaozi -饺子- (especie de empanaditas rellenas de cerdo y verduras que se cocinan tipo sorrentinos) ¡¡¡para después comerlos al toque!!! En fin, todos me recibieron como si fuera uno más. Los chinos son increíblemente amables y con un poco que se puedan comunicar con uno, te adoptan y te incluyen en todo.


Pasados los festejos, la idea era poder viajar por unos pueblitos de la zona, pero por las condiciones climáticas (entre -15° y -20° todos los días, con bastante nieve y las rutas peligrosísimas) fue imposible.  Así que hicimos un poco de vida cotidiana, muy familiar, paseando por la ciudad, charlando un montón y comiendo excelente y, sobre todo, mucho.

Pero como nerdo de la historia que soy, y particularmente de la historia de Asia, no podía irme de Changchun sin hacer una visita a unos lugares históricos sumamente importantes en la historia reciente de China, porque la ciudad fue la capital del Manchukuo, un país que, aunque oficialmente independiente, fue en realidad un Estado títere de Japón, que desde hacía décadas venía invadiendo de a poco a  partes de China. Existió por 13 años y Puyi, el mismo de la película “El Último Emperador” de Bertolucci, fue designado por los japoneses como Emperador del país. Dejo el link para los que no conocen la peli: https://www.imdb.com/es/title/tt0093389/ . También dejo más info del Manchukuo (para mí, interesantísimo): https://es.wikipedia.org/wiki/Manchukuo .

Como me gusta a mí, hice una visita en profundidad. Estuve ocho horas de un día helado visitando el palacio real (hecho ad-hoc para el emperador, lo más moderno que había en la década del ‘30) y, cual búsqueda del tesoro, caminando por diferentes lugares de la ciudad para encontrar los edificios de los ocho Ministerios del gobierno del Estado Títere de Manchukuo (¡esta es la denominación oficial para los chinos!). 

Después de seis hermosos días en Changchun, partí hacia Tianjin. Esta ciudad nunca estuvo particularmente en mi radar, pero una amiga mía es de ahí y decidí visitarla un par de días. Estuve dos de los tres días de visita cenando en la casa de los padres, morfando como bestia la comida espectacular que cocinó el padre, y teniendo lindas charlas mientras tomábamos baijiu -白酒- (la grapa china), cerveza y mucho té en la sobremesa.

Tianjin me sorprendió gratamente. Está cerca de Beijing (tipo La Plata de CABA) y como ciudad se remonta al siglo XVII, durante la Dinastía Ming -la de los jarrones caros-. Está muy ligada al poder imperial de las últimas dinastías, y sobre todo al denominado “siglo de humillación”, cuando China fue invadida por todas las potencias europeas que uno pueda imaginar, más el imperialista Japón. En este caso, la ciudad fue tomada por 7 países europeos y por Japón, y eso marcó definitivamente la arquitectura de la ciudad (impresionante la cantidad de iglesias que vi, para ser China). Además, siguiendo con la historia del último Emperador, Puyi vivió 7 años ahí, entre que lo echaron de la Ciudad Prohibida y que los japoneses lo pusieron de marioneta en Manchukuo.

Acá van unas postales: 

Finalmente, la última parada de estas (no tan) mini vacaciones fue Beijing. Esta fue mi quinta vez allá, pero fue totalmente diferente a las anteriores. Para mí fue como un “lado B”, porque las otras veces me enfoqué en visitar y conocer lugares relacionados con la historia milenaria del país, así como también con temas que tuvieran que ver con el ascenso del Partido Comunista y la conformación de la “Nueva China” (que “nació” el 1 de octubre de 1949).

Esta vez, a partir de la recomendación de una amiga y su marido (ambos argentinos que viven acá), me quedé en el barrio de Sanlitun -三里屯-, que es el barrio de los diplomáticos, donde está la mayoría de las embajadas y consulados, incluyendo los de Argentina. La zona es muy moderna, cosmopolita, con un montón de cosas que atraen a los occidentales, pero también un área que muestra lo mejor de la China moderna, y por lo tanto eso fue algo muy interesante de ver.

Agarré una bici pública (gran experiencia de por sí. Da para otro posteo) y me mandé a visitar el distrito 798 (o “678” para los argentinos, jeje), que es un complejo industrial militar abandonado, convertido en un área dedicada a las artes, muy cool y disruptivo para lo que se piensa de China.  

Para completar experiencia lado B, pude ver un poquito como es la vida de los expats, es decir los expatriados, en la capital del país. Estuve saliendo por varios lugares copados, comiendo en horarios no chinos y tomando birra en bares, en particular un pub irlandés donde se juntan todos los laowai -老外- (“extranjeros”, en chino) y los/las chinos/as que les interesa estar más internacionalizados.

Para cerrar, la verdad tuve un viajecito para todos los gustos. Pude ver la vida de los chinos en el día a día (y aprovechar a practicar el idioma), tuve la dosis de historia imposible de evitar en un país milenario y también pude, a través los paisanos, estar un poco más cerca de casa, a pesar de los 20.000 kilómetros que me separan de ella.

¡Feliz año de la Serpiente!