lunes, 27 de enero de 2025

China 2025: 5 años después.

Después de un interminable viaje de 36 horas, llegué a Shanghai. Era bastante tarde cuando caí en el hotel, que es de propiedad de la Universidad y está en el mismo campus en el que hice el curso. El alojamiento está muy bien, más que nada por la zona en la que se encuentra (el barrio de Hongkou) y por su relación precio/calidad. Eso sí, cada uno tiene que comprarse toallas, toallones, papel higiénico, jabón, etc. (¡imagínense llegar a la medianoche y enterarse de esto!). Traspié solucionado, me dieron una habitación en el piso 13 con vista al Bund, que es la zona económica y financiera, y que diariamente me da un espectáculo nocturno increíble: 

 

El hilo conductor de estas dos semanas fue mi vuelta a la vida estudiantil, aunque muy diferente a la que tuve en Argentina, porque allá no estamos acostumbrados a estar todo el día encerrados en un campus yendo a clases, comiendo adentro, durmiendo adentro, y paseando sólo por los alrededores. Básicamente, es una vida como se ven en las pelis, y la verdad me gusta esta idea de vivir así la universidad (temporariamente) y estar todo el tiempo en este mundo, aprovechando sus bibliotecas, viéndote todo el tiempo con pibas y pibes de todas partes del mundo (la diversidad de países representados es enorme: Rusia, Corea, países del Sudeste Asiático, muchos países musulmanes -Jordania, Egipto, Marruecos, etc.- y otros tantos africanos. Esta vez, poca representación latina).

Por lo que respecta al curso de chino, estuvo muy bueno. Siendo intensivo fue posta intenso. Todos los días 3 horas de clases, de lunes a viernes. Después de clase, tocaba repasar lo visto y hacer la tarea porque un día que te retrasabas, estabas en el horno. Como mi objetivo era (y para ello me pagaron la beca, je) poder retomar chino después de dos años, sin dudas la mejor manera fue venir a estudiar acá.

También del curso rescato a mis compas. Había un excesivo número de rusas (y un ruso). Eran la mitad del curso. Seguían un grupito de amigas coreanas, que vinieron motivadas a estudiar el idioma por las telenovelas chinas, una compañera japonesa con la que pude practicar bastante el “japochino” (no hablaba inglés) y un españolito de 17 años que se tomó un año sabático para estudiar chino y trabajar de pasante en una empresa de acá. Interesante grupete.

Para cerrar, después de estar seis veces en China mucho ya no me sorprende, pero creo que se destacan dos cosas. La primera es que casi no existe pagar con tarjeta de crédito, y la opción principal es el QR o, en su defecto, el efectivo. En nuestro caso, las dos principales apps de pago (Alipay y Wechat) admiten vincularse con tarjeras internacionales, pero ahí entra el “factor argento”: que la tarjeta te rechace por H o por B, y que no puedas comprar nada…. Así que recomendación viajera: los billetotes del Tio Sam en mano para poder cambiar cuando sea necesario.

La segunda cosa que me impresionó, y esta sí es nueva para mí, es que por lo menos en el barrio de Hongkou (bastante central en Shanghai) el silencio es increíble, considerando que estoy en un lugar donde viven decenas de miles de personas. Y esto se lo atribuyo principalmente a la electrificación del grueso del parque automotor. Prácticamente ya no se ven autos a nafta y, a ojo, el 75% de los autos son eléctricos. En su mayoría son de fabricación y diseño chino, y están espectaculares: desde sus diseños, sus colores, la robustez de porte. También hay Teslas repartidos por todos lados. Nunca había visto uno en mi vida, y acá estoy viendo un promedio de 10-15 teslas por día tanto en el campus como andando por el barrio. 

Antes, había que tener cuidado al cruzar por las motitos eléctricas que se te colaban por todos lados y no las escuchabas… pero ahora hay que tener mucho más cuidado porque tampoco se escuchan ni los autos, ni los taxis, ni los colectivos. De acá me surge otra recomendación: no andar con auriculares con el volumen alto para poder tener tanto el oído como la vista afilados para no sufrir accidentes. 

再见!(Nos vemos!)