domingo, 2 de marzo de 2025

Hong Kong y Macao: Pseudo-Ciberpunk y la Latinoamérica cantonesa

Primero, tengo que hacer una confesión. Por más que desde antes de empezar este viaje mis expectativas más grandes estaban puestas en conocer Hong Kong y Macao, no hice lo que hubiera correspondido, es decir, ponerme a investigar sobre esas RAE (no el diccionario, sino por la denominación oficial de estos lugares: Regiones Administrativas Especiales) y organizar bien el viaje. En cambio, una semana antes, medio desesperado porque no tenía nada planificado, recurrí Chat GPT (cosa que no me entusiasmaba mucho) y le pedí un itinerario para ambos lugares, basado en mis ideas y expectativas. El resultado fue el que voy a relatar.

Comencé la travesía por Hong Kong. Para recorrer tenía aproximadamente 48 horas distribuidas en tres días, y un par de esas iban a estar dedicadas a una reunión de trabajo en una Universidad. El resto del tiempo sería para explorar una ciudad que me tenía fascinado desde siempre por su estética ciberpunk que tanto me gusta desde que vi Akira (un animé japonés viejito muy recomendable) cuando era pibe.

Bueno. Hubo cosas que cumplieron con mis expectativas y cosas que no tanto. Empezando por lo que sí, efectivamente Hong Kong tiene ese halo de retrofuturismo un poco distópico. Creo que la impresión de eso está dada por la arquitectura que acompaña un territorio geográficamente muy chico. Es increíble cómo los cantoneses, ingleses y chinos (las tres patas culturales fundamentales de la ciudad) pudieron construir en diferentes épocas imponentes estructuras en las laderas de los cerros de la isla principal y lograr que la ciudad funcione como en varios “niveles”, como si fueran pisos de un edificio… si no estás atento (como me pasó), podrías haber seguido el mapa sin darte cuenta de que la calle que tenías que estar caminando ¡estaba un nivel más abajo! Otras cosas que sustenta esa idea de ciudad de un futuro no tan brillante y de clima bastante abrumador son la cantidad de pasillos que hay, la densidad de población y el uso excesivo de neon en los carteles (aunque para mí era un espectáculo increíble). 

(Un poco del ciber-paisaje urbano hongkonés)

Ahora, lo que un poco me impactó negativamente tiene que ver con algo inmaterial, intangible y que no pude chequear con locales porque casi no conocí a nadie (aunque después, gente en China Continental me confirmó). Sentí una vibra de “diferencia” de los hongkoneses para con los chinos. Y es que tuve la impresión de que después de la anexión forzada a China en 1997 (como sabrán, el territorio fue colonia británica por 150 años, como botín por la derrota de China en las Guerras del Opio, y fue devuelta por acuerdo mutuo), nunca se sintieron cercanos ni política ni culturalmente a sus “hermanos” comunistas. Si bien todo lo oficial (por ejemplo, carteles en la calle) es trilingüe, el cantonés y el inglés son los idiomas que realmente funcionan en la ciudad. Para mí, no creo que la gente en general haya aceptado sin problemas el cambio de estatus político y hay en el aire un “orgullo” de, por un lado, formar parte de la cultura cantonesa (una región de China con idioma y cultura propios) y, por otro, de haberse sentido parte de la Commonwealth. Creo que formar parte de una región especial, con sus propias reglas, refuerza aún más esto. 

(Herencia británica y miscelaneas... aguante Bruce Lee! jeje) 

Pero también hubo espacio para la sorpresa en este viaje. No sabía que tenían áreas naturales tan lindas. A pesar de la poca extensión, es increíble la cantidad de espacio verde que hay principalmente en algunos lugares alejados de la metrópoli, como la zona donde está el Gran Buda, una de las estatuas de bronce más grandes del mundo con treinta y pico de metros de altura.  Situado en medio de las montañas, para llegar tenés que hacer un recorrido de media hora en un teleférico de vidrio que atraviesa el mar y montañas boscosas para llevarte a otra isla… la vista de ese recorrido es tan hermosa como aterradora…  Realmente valió la pena el viaje. Preciosos paisajes, un monumento alucinante y una tranquilidad “nirvánica” a pesar de la cantidad de gente que había.



Para cerrar mi experiencia hongkonesa, quiero contar una anécdota. Fui a comer a un restaurante muy de locales donde servían dim sum (un plato típico: empanaditas al vapor de muchos sabores), y al lado mío se sentaron (supongo yo) madre e hija rusas que pidieron un montón de platos, comiendo finalmente UN TERCIO DE LO QUE PIDIERON. Cuando se fueron, hubo indignación general entre los comensales hongkoneses y yo incluido. Esto generó la oportunidad a un señor que se me puso a hablar en inglés sobre lo que había pasado, aunque rápidamente cambió el eje de la conversación para preguntarme de donde era. Al comentárselo, en vez de lo típico “oh, Maradona! Messi!”, me dijo “qué personaje ese Milei, ¿no?”. Surgió una charla de política, cosa rara en estas latitudes, pero que para mi resultó sumamente interesante. Básicamente, después de decir que nuestro presidente estaba loco y de que era una lástima que nuestro país esté como está, la conclusión a la que llegó fue que para hacer cambios verdaderos, se necesitan líderes fuertes como, cito textual, “la mujer presidenta que tuvieron hace poco”. Lo que no vi venir, después de todas estas declaraciones, fue el “o como TRUMP. Ese sí es un líder que sabe lo que está bien para su país y lo va a sacar adelante”. O_O … Resulta ser que a este amable señor no sólo le gustaba Trump, sino que había hecho negocios con él en los ’90, hablaron por teléfono hasta su primera presidencia e incluso fue consultado por esta amistad desde el Gobierno Central en Beijing para que los ayude a tender puentes. Todo esto documentado con un par de fotos del señor abrazado a Donald hace 30 años. Almuerzo peculiar, ¿no?

 

Bemvindo á Macao

La expectativa que tenía con Macao era muy grande. Siempre me atrajo la idea de ver cómo los europeos habían logrado convivir en Asia con civilizaciones tan diferentes y con gran desarrollo autónomo durante milenios como fue la Civilización China.  También lo que más me atraía en mi cabeza era ver qué fue lo que resultó de esa convivencia… seguramente sería diferente a lo sucedido en Latinoamérica.

En este caso, Macao fue una colonia portuguesa que, establecida en el siglo XV, sobrevivió 150 años más que la colonia principal, o sea, Brasil. Esta larga convivencia me generaba mucha curiosidad antropológica; quería ver qué resultado tuvo esa mezcla de culturas portuguesa y cantonesa.

Apenas llegué, me topé con carteles en portugués, cantonés e inglés. “Buena señal”, dije. Decidí entonces aplicar mis conocimientos del idioma de nuestros vecinos brasileros y con un contundente “bom día” saludé a la agente de migraciones que, sin inmutarse, no me dirigió la palabra. Pasada Migraciones, al interactuar con locales en el mismo puerto, me di cuenta de que el portugués no iba a funcionar… así como tampoco el inglés. De repente el chino pasó a ser la lingua franca frente a gente que sólo hablaba cantonés y chapuceaba el idioma del continente. 

Cuando finalmente salgo del puerto, me llevé mi segundo gran shock cultural (el primero fue lo del idioma). De repente, la geografía y la arquitectura de la ciudad me hizo sentir que estaba llegando a Rio de Janeiro. Era una versión extraña de la ciudad principalmente porque los habitantes no se parecían. Pero el resto… Empezando por una costa marítima espectacular con rascacielos muy tope de gama como en Ipanema o Barra da Tijuca, y cuando me iba adentrando hacia el centro de la ciudad, apareció el Rio más popular, más de la gente común, con el caos que supone una metrópolis con grandes desigualdades.

Esas desigualdades fueron de gran impacto… En toda China no había visto barrios como esos: gente viviendo en lugares bastante ruinosos, sitios históricos (incluso muchos de los patrimonios UNESCO-más de 30 en todo Macao-) en considerable mal estado, y muchísima diferencia entre los sectores ricos y los pobres...

Eso me hizo reflexionar. Tanto Hong Kong como Macao son territorios con un idioma y una cultura común (cantonés/a) que fueron administrados durante siglos por dos imperios europeos de gran importancia. La diferencia en la gestión de las colonias es claramente visible en el presente de ambas regiones: mientras que en Hong Kong hay un importante desarrollo económico, urbanístico y político y todavía sienten la herencia inglesa en su modo de vida por la gran presencia de Gran Bretaña hasta sus últimos días allí, en Macao el portugués es una “decoración” en carteles y documentos gubernamentales, y la “herencia portuguesa” es un mero atractivo turístico de segunda línea. Digo “de segunda línea” porque el principal atractivo de Macao son sus casinos. A diferencia de Hong Kong, que parte de su estrategia en su vuelta a la República Popular China fue la de mantenerse como un centro financiero y un vínculo con la economía occidental, Macao hizo la “viveza criolla”: basó toda su economía en atraer a la gente a sus casinos, ya que en China continental están prohibidos. Y si algo les gusta a los chinos es apostar y la guita. Acá creo que se puede ver un poco la “herencia” peninsular…

  (Casinos "Lisboa" y "Grand Lisboa"-este último omnipresente en el panorama de la ciudad-)

Desde que perdió Brasil y que su imperio “cayó en desgracia” a mediados del siglo XIX, Portugal a duras penas pudo hacerse cargo de su propio país. Así que Macao fue más un lastre que un beneficio. Le costó muchísimo sostener el vínculo con la isla, por lo que los macaenses prácticamente tuvieron que autogestionarse, aunque con las reglas del país europeo. Una desgracia para su desarrollo, como se puede comprobar caminando por las calles.

Pasado el shock inicial, cambié el chip y empecé a disfrutar la ciudad como cuando paseo por nuestras queridas tierras. La verdad, “Las Vegas de China” (como también se la conoce) es muy pintoresca, atractiva y segura. El patrimonio arquitectónico portugués, aunque un poco descuidado como dije, da a la ciudad un aire de familiaridad que es abruptamente cortado por el exotismo de los carteles, los nombres y los edificios tradicionales chinos. Eso me encantó.

(Arquitectura portuguesa y calles con nombres bizarros - que en cantonés dicen lo mismo!-)

Como conclusión, mis expectativas se derrumbaron estrepitosamente en Macao. Realmente a los macaenses los vi mucho más “chinos” que a los hongkoneses. El portugués no se enseña en las escuelas (salvo algunas especializadas) y todos los habitantes reciben su educación bilingüe cantonés-chino mandarín. Portugal finalmente es sólo una estrategia de marketing más que una herencia cultural. Habiendo dicho eso, es un lugar muy peculiar, digno de visitar.

Termino este posteo con otra anécdota. Saliendo del puerto de Macao (ah, porque viajé desde Hong Kong en un ferry muy parecido a Buquebus), intento tomarme un colectivo para ir al hotel, pero el bondi sólo aceptaba o la tarjeta de transporte (que no pude conseguir en el puerto) o efectivo con el cambio justo. Como yo no tenía el importe exacto, no me dejaron subir al colectivo. Entonces decidí tomarme un taxi y pagar lo que fuera para llegar al hotel y empezar mis actividades.

Ya subido al taxi y habiéndole dado por escrito la dirección del hotel al chofer, emprendemos viaje. En un momento, llega a un lugar y me empieza a preguntar en cantonés cosas que yo no entendía. Me hizo una seña tipo “¿seguimos derecho?” y yo, que no tenía idea, le tiré un “si” en mandarín. A las cuadras se frena otra vez, y me vuelve a preguntar en cantonés. El tipo ni una gota de portugués, ni de inglés… NI DE MANDARIN. Cuando le dije en este último idioma “no sé”, me agarró mi celular donde tenia la dirección del Hotel, se bajó del taxi, y empezó a preguntar a gente random en la calle si conocía cómo llegar. Después de varios intentos, y notoriamente frustrado, me devuelve el celular, abre el baúl del taxi, saca mi valija, y me empieza a gritar para que me baje. Cuando lo hice, salió a las puteadas. Me quedé ahí parado, un poco nervioso y un poco cagado de risa, no sabiendo para donde ir, hasta que un chico que hablaba mandarín me ayudó a ver en su celu que estaba a 6 cuadras del hotel. Al menos, tuve una anécdota graciosa y un viaje gratis. 

sábado, 8 de febrero de 2025

Viaje al Norte y Año Nuevo Chino

A dos días de terminar el curso, me embarqué en un viaje de trece días hacia el norte del país. Mi objetivo no era sufrir el crudo invierno chino (eso fue un daño colateral previsto y asumido con bastante gusto), sino encontrarme con gente querida actualmente viviendo acá.

La primera parada fue Changchun, en la provincia de Jilin. Esta ciudad es la capital de la provincia, que, a su vez, es una de las tres provincias del dongbei (东北), es decir, del Nordeste chino. Este territorio tiene muchísima naturaleza, muy fértil y con animales característicos como los tigres de las nieves (son como los tigres comunes, pero mas peludos y robustos); pero también es un lugar rico en historia y diversidad étnica, porque ahí conviven los Han (etnia principal de China) con los Manchúes, los coreanos (considerados como un “pueblo originario” en esta región) y otras etnias.

La razón principal de por qué fui a esa ciudad fue la visita a una familia amiga (él argentino, ella china y su hijita argenchina), y el festejo con ellos del Año Nuevo chino. Tenía muchas ganas de experimentar in situ cómo festejan una de las celebraciones más importantes de su calendario.

La experiencia fue genial. Éramos 12 familiares y yo en un restaurante. Comimos una bestialidad, a lo chino, con una variedad de platos que no se dan una idea. Incluso me animé a probar cosas raras como sangre de pato (en cubitos gelatinosos) y garras de pollo (no estaban mal, pero me impresionó un poco, para ser honesto). Después de abarrotarnos con comida, y como si sólo yo hubiera sido el que no daba más, nos fuimos a la casa de mis amigos con los padres de ella y allá hicimos el clásico plan: ver la Gala de Año Nuevo de CCTV (la tv pública china) y preparar en familia jiaozi -饺子- (especie de empanaditas rellenas de cerdo y verduras que se cocinan tipo sorrentinos) ¡¡¡para después comerlos al toque!!! En fin, todos me recibieron como si fuera uno más. Los chinos son increíblemente amables y con un poco que se puedan comunicar con uno, te adoptan y te incluyen en todo.


Pasados los festejos, la idea era poder viajar por unos pueblitos de la zona, pero por las condiciones climáticas (entre -15° y -20° todos los días, con bastante nieve y las rutas peligrosísimas) fue imposible.  Así que hicimos un poco de vida cotidiana, muy familiar, paseando por la ciudad, charlando un montón y comiendo excelente y, sobre todo, mucho.

Pero como nerdo de la historia que soy, y particularmente de la historia de Asia, no podía irme de Changchun sin hacer una visita a unos lugares históricos sumamente importantes en la historia reciente de China, porque la ciudad fue la capital del Manchukuo, un país que, aunque oficialmente independiente, fue en realidad un Estado títere de Japón, que desde hacía décadas venía invadiendo de a poco a  partes de China. Existió por 13 años y Puyi, el mismo de la película “El Último Emperador” de Bertolucci, fue designado por los japoneses como Emperador del país. Dejo el link para los que no conocen la peli: https://www.imdb.com/es/title/tt0093389/ . También dejo más info del Manchukuo (para mí, interesantísimo): https://es.wikipedia.org/wiki/Manchukuo .

Como me gusta a mí, hice una visita en profundidad. Estuve ocho horas de un día helado visitando el palacio real (hecho ad-hoc para el emperador, lo más moderno que había en la década del ‘30) y, cual búsqueda del tesoro, caminando por diferentes lugares de la ciudad para encontrar los edificios de los ocho Ministerios del gobierno del Estado Títere de Manchukuo (¡esta es la denominación oficial para los chinos!). 

Después de seis hermosos días en Changchun, partí hacia Tianjin. Esta ciudad nunca estuvo particularmente en mi radar, pero una amiga mía es de ahí y decidí visitarla un par de días. Estuve dos de los tres días de visita cenando en la casa de los padres, morfando como bestia la comida espectacular que cocinó el padre, y teniendo lindas charlas mientras tomábamos baijiu -白酒- (la grapa china), cerveza y mucho té en la sobremesa.

Tianjin me sorprendió gratamente. Está cerca de Beijing (tipo La Plata de CABA) y como ciudad se remonta al siglo XVII, durante la Dinastía Ming -la de los jarrones caros-. Está muy ligada al poder imperial de las últimas dinastías, y sobre todo al denominado “siglo de humillación”, cuando China fue invadida por todas las potencias europeas que uno pueda imaginar, más el imperialista Japón. En este caso, la ciudad fue tomada por 7 países europeos y por Japón, y eso marcó definitivamente la arquitectura de la ciudad (impresionante la cantidad de iglesias que vi, para ser China). Además, siguiendo con la historia del último Emperador, Puyi vivió 7 años ahí, entre que lo echaron de la Ciudad Prohibida y que los japoneses lo pusieron de marioneta en Manchukuo.

Acá van unas postales: 

Finalmente, la última parada de estas (no tan) mini vacaciones fue Beijing. Esta fue mi quinta vez allá, pero fue totalmente diferente a las anteriores. Para mí fue como un “lado B”, porque las otras veces me enfoqué en visitar y conocer lugares relacionados con la historia milenaria del país, así como también con temas que tuvieran que ver con el ascenso del Partido Comunista y la conformación de la “Nueva China” (que “nació” el 1 de octubre de 1949).

Esta vez, a partir de la recomendación de una amiga y su marido (ambos argentinos que viven acá), me quedé en el barrio de Sanlitun -三里屯-, que es el barrio de los diplomáticos, donde está la mayoría de las embajadas y consulados, incluyendo los de Argentina. La zona es muy moderna, cosmopolita, con un montón de cosas que atraen a los occidentales, pero también un área que muestra lo mejor de la China moderna, y por lo tanto eso fue algo muy interesante de ver.

Agarré una bici pública (gran experiencia de por sí. Da para otro posteo) y me mandé a visitar el distrito 798 (o “678” para los argentinos, jeje), que es un complejo industrial militar abandonado, convertido en un área dedicada a las artes, muy cool y disruptivo para lo que se piensa de China.  

Para completar experiencia lado B, pude ver un poquito como es la vida de los expats, es decir los expatriados, en la capital del país. Estuve saliendo por varios lugares copados, comiendo en horarios no chinos y tomando birra en bares, en particular un pub irlandés donde se juntan todos los laowai -老外- (“extranjeros”, en chino) y los/las chinos/as que les interesa estar más internacionalizados.

Para cerrar, la verdad tuve un viajecito para todos los gustos. Pude ver la vida de los chinos en el día a día (y aprovechar a practicar el idioma), tuve la dosis de historia imposible de evitar en un país milenario y también pude, a través los paisanos, estar un poco más cerca de casa, a pesar de los 20.000 kilómetros que me separan de ella.

¡Feliz año de la Serpiente!

lunes, 27 de enero de 2025

China 2025: 5 años después.

Después de un interminable viaje de 36 horas, llegué a Shanghai. Era bastante tarde cuando caí en el hotel, que es de propiedad de la Universidad y está en el mismo campus en el que hice el curso. El alojamiento está muy bien, más que nada por la zona en la que se encuentra (el barrio de Hongkou) y por su relación precio/calidad. Eso sí, cada uno tiene que comprarse toallas, toallones, papel higiénico, jabón, etc. (¡imagínense llegar a la medianoche y enterarse de esto!). Traspié solucionado, me dieron una habitación en el piso 13 con vista al Bund, que es la zona económica y financiera, y que diariamente me da un espectáculo nocturno increíble: 

 

El hilo conductor de estas dos semanas fue mi vuelta a la vida estudiantil, aunque muy diferente a la que tuve en Argentina, porque allá no estamos acostumbrados a estar todo el día encerrados en un campus yendo a clases, comiendo adentro, durmiendo adentro, y paseando sólo por los alrededores. Básicamente, es una vida como se ven en las pelis, y la verdad me gusta esta idea de vivir así la universidad (temporariamente) y estar todo el tiempo en este mundo, aprovechando sus bibliotecas, viéndote todo el tiempo con pibas y pibes de todas partes del mundo (la diversidad de países representados es enorme: Rusia, Corea, países del Sudeste Asiático, muchos países musulmanes -Jordania, Egipto, Marruecos, etc.- y otros tantos africanos. Esta vez, poca representación latina).

Por lo que respecta al curso de chino, estuvo muy bueno. Siendo intensivo fue posta intenso. Todos los días 3 horas de clases, de lunes a viernes. Después de clase, tocaba repasar lo visto y hacer la tarea porque un día que te retrasabas, estabas en el horno. Como mi objetivo era (y para ello me pagaron la beca, je) poder retomar chino después de dos años, sin dudas la mejor manera fue venir a estudiar acá.

También del curso rescato a mis compas. Había un excesivo número de rusas (y un ruso). Eran la mitad del curso. Seguían un grupito de amigas coreanas, que vinieron motivadas a estudiar el idioma por las telenovelas chinas, una compañera japonesa con la que pude practicar bastante el “japochino” (no hablaba inglés) y un españolito de 17 años que se tomó un año sabático para estudiar chino y trabajar de pasante en una empresa de acá. Interesante grupete.

Para cerrar, después de estar seis veces en China mucho ya no me sorprende, pero creo que se destacan dos cosas. La primera es que casi no existe pagar con tarjeta de crédito, y la opción principal es el QR o, en su defecto, el efectivo. En nuestro caso, las dos principales apps de pago (Alipay y Wechat) admiten vincularse con tarjeras internacionales, pero ahí entra el “factor argento”: que la tarjeta te rechace por H o por B, y que no puedas comprar nada…. Así que recomendación viajera: los billetotes del Tio Sam en mano para poder cambiar cuando sea necesario.

La segunda cosa que me impresionó, y esta sí es nueva para mí, es que por lo menos en el barrio de Hongkou (bastante central en Shanghai) el silencio es increíble, considerando que estoy en un lugar donde viven decenas de miles de personas. Y esto se lo atribuyo principalmente a la electrificación del grueso del parque automotor. Prácticamente ya no se ven autos a nafta y, a ojo, el 75% de los autos son eléctricos. En su mayoría son de fabricación y diseño chino, y están espectaculares: desde sus diseños, sus colores, la robustez de porte. También hay Teslas repartidos por todos lados. Nunca había visto uno en mi vida, y acá estoy viendo un promedio de 10-15 teslas por día tanto en el campus como andando por el barrio. 

Antes, había que tener cuidado al cruzar por las motitos eléctricas que se te colaban por todos lados y no las escuchabas… pero ahora hay que tener mucho más cuidado porque tampoco se escuchan ni los autos, ni los taxis, ni los colectivos. De acá me surge otra recomendación: no andar con auriculares con el volumen alto para poder tener tanto el oído como la vista afilados para no sufrir accidentes. 

再见!(Nos vemos!)